

Michael Jordan era famoso porque, fuera de temporada, practicaba y perfeccionaba sus habilidades para el básquetbol cinco horas al día, seis veces a la semana. Para ser como los mejores, hay que tener constancia. Como dice el refrán: “La práctica hace la perfección”.
Al igual que Mike, si los trabajadores se proponen adquirir habilidades, deben cultivarlas todos los días. Las habilidades son necesarias para tener un buen desempeño y, además, marcan el rumbo hacia el próximo rol. Les dan a los trabajadores la posibilidad de acumular experiencia y lograr los resultados que buscan.
En el entorno laboral de hoy, las habilidades son la moneda de cambio. Tus empleados y sus habilidades son los recursos más valiosos de tu empresa. Cuando las habilidades se evalúan, desarrollan, cuantifican y cultivan, los talentos y tu compañía crecen.
Con una taxonomía de habilidades, puedes descubrir qué te ofrece tu plantilla de personal mientras avanzas hacia los objetivos de tu empresa.
¿Qué es una taxonomía de habilidades?
Es un sistema jerárquico de clasificación en el que las habilidades se categorizan y organizan en grupos o conjuntos. Las taxonomías de habilidades son muy estructuradas y, por lo general, incluyen las más importantes para los objetivos empresariales, a veces con sus definiciones.
Ordenan de un modo sumamente necesario la capacidad de las empresas para evaluar, desarrollar, cuantificar y cultivar las habilidades clave que posibilitan conseguir resultados específicos.
Al plantear una taxonomía de habilidades, es importante distinguir entre las habilidades y las competencias.
Las competencias son “conocimientos, comportamientos, actitudes e incluso habilidades que permiten hacer una tarea de forma correcta o con eficiencia”.
Por otra parte, las habilidades son “capacidades aprendidas y aplicadas mediante las cuales se llevan a la práctica los conocimientos”.
En definitiva, las habilidades son los componentes fundamentales para desarrollar competencias. Por ejemplo, la capacidad de comunicarse con eficacia es una competencia. Las habilidades que permiten comunicarse con eficacia son escribir de manera concisa, hablar con seguridad y redactar documentos informativos y fáciles de leer.
Volvamos a la analogía del básquetbol. Todo jugador debe saber cómo hacer triples, bandejas, tiros libres, tiros en suspensión y en retroceso y el paso atrás. Para cada tiro se necesitan diferentes habilidades. Esas habilidades se adquieren con práctica, y el equipo debe saber cuál es el fuerte de cada uno de sus integrantes para hacer jugadas y encestar. Quizás a un jugador le sale muy bien el bloqueo y continuación y otro tiene mucho talento para lograr que cobren faltas a su favor y, así, sumar más puntos. Cuando se está al tanto de estas habilidades y competencias, es posible planificar estrategias esenciales para el equipo, y los jugadores y entrenadores toman decisiones con más facilidad. La capacidad de un equipo para incorporar distintas formas de tiro a la estructura y formato de juego contribuye a que se consigan suficientes puntos como para ganar.
En todos los sectores, las brechas de habilidades son cada vez más amplias, y las estructuras tradicionales de talentos, como los modelos de competencias, no alcanzan para subsanarlas.
Estos modelos son demasiado complejos y estáticos y nunca se usan como esperan los directores de Aprendizaje y Desarrollo porque pierden vigencia con rapidez. Comparémoslos con las taxonomías de habilidades, que se centran más en las tareas concretas que puede hacer el personal en un puesto en particular. Son dinámicas y se actualizan de forma constante a medida que surgen nuevas habilidades y otras van desapareciendo.
Cuando tu empresa plantea y utiliza una taxonomía de habilidades que está en sintonía con los puntos fuertes del personal, tiene la capacidad de proponer iniciativas de upskilling o reskilling para aspectos clave que se deben mejorar. Es como si apuntaras a la cesta y anotaras.
Una estrategia de habilidades concebida a partir de una taxonomía te puede ayudar a diferenciar a tu empresa cuando los empleados están evaluando cuál será la siguiente etapa de su trayectoria profesional. Dada la competitividad del mercado laboral de hoy, al retener a los talentos se ahorran gastos de contratación y se propicia un entorno en el que los empleados tienen la posibilidad de crecer y desarrollar su profesión internamente. Con una taxonomía de habilidades cohesiva, los empleados entienden cómo demostrar sus habilidades y competencias.
Si los trabajadores tienen claro adónde quieren llegar, pueden adquirir habilidades y competencias para desempeñarse mejor en su rol actual y llegar a ocupar otros a futuro. Aunque no siempre es evidente cómo se pasa de desarrollar habilidades a conseguir un ascenso, para el personal es una gran ventaja contar con reglas que le indiquen en qué aspectos le conviene trabajar.
Si tienes una noción precisa de las taxonomías de habilidades, te resultará más fácil preparar programas de upskilling y reskilling para tus empleados.
Para evaluar las habilidades clave que se necesitan en cada área, la de Aprendizaje y Desarrollo debe colaborar con las distintas unidades empresariales y asumir una función decisiva: reconocer las oportunidades de aprendizaje pertinentes que permitirán a los empleados adquirir habilidades y competencias.
Según el conjunto de tecnologías de las empresas, algunos HRIS (sigla en inglés de “sistemas de información de Recursos Humanos”) disponen de taxonomías de habilidades y permiten registrar y cuantificar las habilidades de todos los departamentos.
El hecho de contar con un sistema y los datos para detectar en qué áreas hay brechas de habilidades, planificar programas para subsanarlas y complementar las habilidades y competencias actuales es, en sí mismo, una ventaja.
Con un abordaje que gire en torno a las habilidades, puedes preparar a tu empresa para el futuro, aunque no todos tus empleados sean estrellas del “Dream Team”. La taxonomía de habilidades es la estructura clara que tus empleados necesitan para determinar cómo crecer en tu empresa.
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